El legendario grupo folklórico cumple 50 años y lo festeja con un show el próximo 20 de mayo en el Luna Park. Esa noche los Carabajal interpretarán clásicos de su repertorio y nuevas canciones. Además del show, presentarán el “Libro de Oro”, un relato extenso que cuenta con lujo de detalle la historia de estos músicos oriundos de Santiago del Estero.

Originarios de la ciudad santiagueña de La Banda y creados y forjados en las siestas y noches del patio de la abuela, Los Carabajal es un grupo musical de trayectoria imponente pero también una familia que dejó y continúa dejando huella en la música argentina.

Creado en 1967, fue integrado originalmente por Agustín Carabajal, Carlos Carabajal, Cuti Carabajal y Kali Carabajal. Esa formación tendrá sucesivas integraciones, con la única permanencia de Kali.

El festejo tendrá un marco especial el próximo 20 de mayo en el estadio Luna Park de Buenos Aires. Sobre el singular misterio de la familia Carabajal y algunas cuestiones relativas a la chacarera y la música de Santiago del Estero, Télam dialogó con Mario “Musha” Carabajal, integrante del grupo desde hace 48 años y una de sus referencias originarias con su hermano Kali:

Cuéntenos el origen de la familia Carabajal, tan singular dentro de la historia de la música argentina y con generaciones e infinidad de músicos.

Mi abuelo Francisco Rosario Carabajal era un músico que andaba por los pueblos tocando la guitarra y en esas circunstancias la conoció a mi abuela, María Luisa Paz, en Cloromida, que queda a 21 kilómetros de La Banda, se casó con ella y fueron a vivir a La Banda: tuvieron 12 hijos, todos varones. El abuelo era un músico autodidacta, ejecutaba toda clase de instrumentos, tenía esa ductilidad, tocaba mandolín, violín, bandoneón, charango, guitarra y eso se transmitió de generación en generación. Profesionalmente Agustín y Carlos Carabajal fueron quizás los primeros, que son hijos de Francisco y María Luisa y hermanos de mi papá, Enrique. Nosotros a los 12 hermanos los tenemos clasificados por números: el número 1 era Héctor, músico estable de LV11 una de las emisoras prestigiosas de Santiago del Estero y acompañaba a todos los músicos que venían a tocar en la provincia y cantaban en la radio; Carlos es el número 5 de los 12 hermanos; mi papá es el número 2 y Agustín es el número 7. Agustín y Carlos incursionaron con la compañía de Andrés Chazarreta, después Agustín deja esa compañía y arma con otros músicos Los Cantores de Salavina que llegan a ser uno de los conjuntos más importantes de Argentina a comienzos de los 60, llenaban estadios, los programas de radio donde iban a tocar estaban repletos y ahí empieza profesionalmente; después se separa de Los Cantores de Salavina en 1963 y en 1967 crea Los Carabajal con Carlos, Cuti, que es el número 12, y Kali que es hermano mío, hijo del número 2.

Y después se siguen ramificando y apareciendo músicos por todos lados, desde Peteco hasta los más jóvenes como Roxana o Camilo que toca en el grupo electro-folk Tremor

Hay un factor fundamental que es la familia y dentro de la familia, la música, aunque también el fútbol, porque somos jugadores de fútbol frustrados pero insistentes (risas). Kali llegó a jugar en la cuarta de Boca, yo jugué en la primera del Club Mitre de Santiago del Estero, otros jugaron en Sarmiento, otro equipo de la Liga de Santiago. Son dos pasiones y es parte de cómo vivimos nosotros y sentimos y la música es lo que nos moviliza y nos da vida y las nuevas generaciones se van educando en ese ámbito.

¿Cómo debería ser cuando ustedes eran niños?

A mí me vienen a la memoria los domingos en la casa de mi abuela, cuando éramos chicos y estábamos jugando al costado del lugar donde se comía y después de la comida aparecían la guitarra, el bandoneón, el mandolín, el bombo y veo esas imágenes y descubro que en esas siestas de la casa de mi abuela había gente muy importante, como Sixto Palavecino, los hermanos Díaz, los hermanos Simón, que se juntaban a tocar con mi abuelo; entonces esa cuestión nos llegaba en forma inconsciente y se apoderó de nosotros. De hecho todos en la familia somos músicos, pero ninguno de estudio.

Y en esos patios se bailaba también…

Sí, claro, el patio era el lugar más importante de las casas, todas las circunstancias fundamentales pasaban ahí, hasta se dormía ahí buscando la fresca en las noches de verano. Las mujeres amasaban, los hombres prendían el fuego del horno de barro, después se comía y después aparecían las guitarras, la nuestra es música de patios.

¿Cómo definiría usted el sello de Los Carabajal que les ha dado una vigencia de 50 años sobre los escenarios y con importante popularidad?

Ese sello es un sonido instalado en el gusto de la gente que nos permite ser identificados dentro la diversidad de músicos argentinos de folclore, un sello que nos emparenta con la chacarera, con Santiago del Estero, con una identidad fuerte que es una marca de reconocimiento.

¿Y qué correlato sonoro tendría este sello?

Hay un hecho importante y es que hasta un determinado momento hubo una manera de rasguear la chacarera y Agustín Carabajal la modificó. Agustín es el creador de canciones como “La Telesita”, “La pampa de los guanacos”, “Entre a mi pago sin golpear”, y “Rubia morena”, él logró que el ritmo de la chacarera, en la forma de tocarla, sea más redondo. Antes se rasgueaba de una manera y a partir de que Agustín le encuentra ese secreto es como que empieza a popularizarse una forma de rasguear más agradable que es la que conocemos actualmente. La anterior era más ruda, más rústica, era como un chasquido si lo dijéramos sonoramente era algo como “qchcan,chcachnc”, uno escucha a Los Hermanos Simón, que son anteriores a Los Carabajal y sus grabaciones tienen esa manera, y el rasguido que crea Agustín y luego se populariza es más lleno con la mano (algo así como taratán tqchc) y además tiene un secreto que es que a partir de ahí las chacareras empiezan en tono dominante, anteriormente empezaban siempre en el tono en que se cantaban y Agustín le descubre ese secreto y al entrar en tono dominante, suena todo el sonido más lleno, más compacto, después estuvieron también sus composiciones que posibilitaron que Los Carabajal se consolidara como conjunto de referencia, porque nosotros propusimos estos temas que después se instalaron en el gusto de la gente y de los músicos.

También Los Carabajal tienen una particularidad y es que son como un puente a través del que cruzan las nuevas generaciones de músicos que se dedican a la chacarera desde Peteco a Rally Barrionuevo o Bruno Arias.

Yo creo que sí, y eso sucede en un momento muy preciso, hay un antes y un después con un disco que se llamó “Como pájaros en el aire” de 1987, que tiene 12 temas y que todos se hicieron conocidos y hasta el día de hoy son temas que escuchás en las guitarreadas, en las peñas, que cualquier cantor los canta. En ese momento nosotros advertimos que había nuevas generaciones y que nos teníamos que acercar a ellas y produjimos una serie de cambios en nosotros, entre ellos la ropa, porque hasta ese momento nos vestíamos de gauchos y en ese disco aparecemos con zapatillas y remeras; cambiamos la estética, parte del concepto musical, se produjo un quiebre con el que se identificó una nueva generación; en el sonido hay también una cuestión y es que para grabar ese disco León Gieco nos presta su guitarra (electroacústica) Ovation, entonces el sonido en conjunto ya no era tan tradicional sino que tenía proyección, aun cuando nosotros cantábamos nuestras chacareras de la misma forma de siempre, pero le agregamos unos condimentos como para que tuvieran la actualidad que en ese momentos se requería.

 

Fuente: Telam // Foto: La Voz