La Argentina es un país extenso de variados paisajes naturales, con una vegetación natural que fue siendo modificada por la actividad humana a medida que el territorio se fue ocupando por una población de base migratoria.

Nuestro país está ubicado en el cono sur del continente y se asienta sobre tres conformaciones geomorfológicas: 1) al Oeste el sinclinal andino (Cordillera de Los Andes), Sierras Subandinas y Sierras Pampeanas; 2) al Este el Macizo de Brasilia; y 3) al Sur el Macizo Patagónico.

Entre ese trípode quedo un espacio deprimido que se fue llenando de sedimentos acumulados en pila, y que a lo largo de los tiempos geológicos conformó lo que hoy se denomina la llanura chaco-pampeana, superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados que se proyecta en cuanto a su extensión hasta el Paraguay y el Brasil.

Esta planicie sedimentaria va disminuyendo en altitud de Oeste a Este y es surcada por una red hidrográfica escasa, pero que contiene unas de las cuencas de agua dulce más importantes y voluminosas del planeta con sus 3,2 millones de km2: la Cuenca del Plata. La llanura tiene variantes suaves, suelos planos con cursos de agua con meandros y aguas estancadas e impedidas de drenar hacia el Océano Atlántico no solo por la tenue pendiente, sino también porque el borde costero sobre-elevado y con una prolongada líneas de dunas actúa como dique natural.

Esta situación de escaso drenaje de las aguas superficiales, más el ciclo de lluvias que van aumentando de Oeste (400 mm) a Este (1000 mm), genera, en gran medida, las dificultades que venimos atravesando desde hace tiempo con las inundaciones, que se manifiestan con desbordes de ríos o lagunas cuyas cuencas no pueden contener, por el escaso escurrimiento, el total de agua caída, en especial cuando cae en un lapso de tiempo muy corto y en forma de chubasco intenso.

Además, la región de la Llanura Pampeana es un área que a partir de la ocupación del territorio tiene una continuidad poblacional con escasos espacios vacíos, y la actividad del hombre ha impactado e impacta en las modificaciones ambientales. Las zonas extrapampeanas cuentan con el 25% de los caudales de aguas superficiales y el 67% del territorio y se fueron integrando de modo desigual a la economía del país a partir de oasis de desarrollos sin continuidad poblacional en la ocupación del espacio.

El resultado de estas dificultades se está viviendo hoy con varias provincias atravesando problemas de carácter hídrico, debido a desbordes de ríos por aumento de lluvias de verano o descongelamientos de ríos de montañas en sus nacientes del mismo periodo estival y la falta de áreas aliviadoras que sirvan de contención para sobrantes hídricos en periodos críticos. Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca, Misiones, Chubut, Tucumán, La Pampa, Salta, Jujuy y Corrientes fueron declarados en emergencia hídrica por 180 días por el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación, y por ahora falta la promulgación por parte del Poder Ejecutivo Nacional.

La situación geomorfología detallada, junto a modificaciones mínimas de los regímenes de lluvia, el uso del suelo de modo intensivo, el desmonte de boques nativos sin reforestación y, en la Patagonia, la combinación de lluvias de chubascos en suelos sin tapiz vegetal, constituyen un conjunto de razones que afectan el desarrollo de actividades económicas que perjudican la vida de la población que, en el mejor de los casos, tiene como horizonte más conveniente: comenzar de nuevo.

Los caracteres de perfil geomorfológicos combinados con aspectos climáticos y una falta de planificación de carácter espacial, generan invariablemente un éxodo de las zonas rurales hacia centros urbanos: la población rural disminuyo del 17% en 1980 al 11% en la actualidad. Además, a mediados de la década del ‘90 los avances tecnológicos en la producción granaría redujeron drásticamente el tiempo de trabajo directo por hectáreas y limitaron la duración de las labores agrícolas a unas pocas semanas al año, e incluso a unos pocos días cuando la extensión de la explotación es pequeña, lo cual hizo menos necesaria la proximidad entre el lugar de residencia de los trabajadores agrícolas y el lugar de trabajo. Estos cambios en la producción agropecuaria, el avance tecnológico y la retracción de la explotación familiar tienen como correlato el abandono de amplias zonas rurales por parte de la población.

Desde fines del siglo XIX, los procesos migratorios de ocupación del territorio estuvieron sostenidos por la creación y ampliación de la red ferroviaria así como la incorporación de nuestro país al comercio mundial. La red de casi 10 km en 1857, alcanzó los 38.122 km en 1930, cuando transportaba más de 34 millones de toneladas. En la década del ‘40 la red ferroviaria alcanzó los 42.500 kilómetros, logrando transportar 45 millones de toneladas. A partir de la década del ‘60 el ferrocarril no solo comenzó a perder volumen de carga, sino que experimentó un deterioro progresivo en el estado de la red y el material rodante. Hoy el ferrocarril mueve no más del 5% de la carga total.

Esta disminución de la capacidad de carga se trasladó en un gran porcentaje al transporte de vial, congestionando el sistema, retrasando el comercio, contaminando el medio ambiente y aumentando la siniestralidad. Este modelo de disminución de injerencia de la red ferroviaria en el comercio interior produjo también un importante éxodo rural y la desaparición de más de 200 poblaciones chicas en la pampa húmeda.

El avance tecnológico como un elemento potenciador de la productividad es también causante de la migración poblacional de zonas rurales a los grandes centros urbanos. Y si en nuestro país le agregamos una red de comunicación y transporte deficiente por falta de inversión, los conflictos de concentración demográfica, por carencia de oportunidades, se aceleran desplazando un gran número de poblaciones a espacios restrictivos en ofertas de bienestar.

Para comenzar a resolver esta compleja situación, se torna necesario abordar las dificultades ambientales y económicas con un plan donde se ponga el centro en una política de estabilidad poblacional en una primera etapa, para pasar luego a una política demográfica de ocupación del territorio de modo equilibrado y tendiendo a desarrollar áreas con balances humanos y ambientales más sostenibles.

Argentina debe tener un plan estratégico donde el centro sea el hombre. Para llevarlo adelante hay que combinar una política agrícola con productividad y valor agregado en origen; una mejora del transporte de carga con complementariedad nodal; y una visión más amplia de la manejo del agua combinando los canales con reservorios, que permitan contener el agua dulce en estanques naturales y que a su vez sean utilizados como fuentes de desarrollo económico a partir de ellos. Se torna necesario que este trípode debe unir y ser el soporte de una estrategia de desarrollo donde  la Argentina se vincule al mundo a partir de ser un proveedor de alimentos a escala global. La ocupación del terreno de modo más equilibrado demográficamente, no solo mejora la calidad de vida de las poblaciones sino que a su vez mejora las oportunidades de inversión más descentralizada y abre oportunidades de trabajo en un sector de proyección infinita. La Argentina tiene el desafío de atender parte importantes de la demanda futura de alimentos de vastas regiones del planeta. Esta situación exige incrementar la productividad y ampliar la frontera agrícola transformando estepas desérticas en praderas inducidas e incorporar estas tierras al sistema de producción.

De esta manera nuestra política internacional a escala regional debe de estar asociada al concepto bioceánico de comunicación con los océanos Pacífico y Atlántico. Nuestro País debe potenciar la infraestructura de dos áreas de paso trasandino: Una por el Paso de Jama para desde ahí, sacar,  la producción del Norte Argentino, Bolivia, Paraguay y Brasil; y el otro en el sur, en el segmento superior de los Andes Patagónicos para exportar la producción pampeana y patagónica, permitiendo de la misma manera que la Republica de Chile tenga ventanas exportables en el Atlántico. Pero ¿Por qué decimos desde un puerto chileno en la latitud norte de los Andes Patagónicos? La estructura geomorfológica de cordillerana en ese tramo los hace más fácil de atravesar: son dos cordones paralelas relativamente bajos, con valle longitudinal y surcado por valles transversales de escasa altitud. Esto beneficia la construcción de pasos cordilleranos a cielo abierto, bajando costos que evitan los túneles de montaña  y a su vez los hacen más seguros por la dificultad sísmica del área.

Las dos ventanas de exportación desde las plataformas chilenas deben ser un elemento central en la vinculación estratégica con los hermanos del país trasandino. Esta debe ser nuestra política regional para Sudamérica, sumando el Mercosur y la Alianza del Pacifico, configurando una integración continental de vínculo con los dos océanos y el Mar Caribe. Nuestro espacio continental carente de conflictos internos interestatales, sin armas nucleares ni carrera armamentística, se muestra como una zona de paz en una aldea global en conflicto; en el marco de un occidente sin ideas, confrontativo entre un modelo capitalista agotado y otro, también de acumulación, que no alcanza a surgir.

Por Prof. Horacio Miguel Lenz

Foto: Border Periodismo