Es el Vanellus Chilensis, pero todos lo conocemos como tero, nombre que deriva de una onomatopeya a su canto, teru teru, tan común de escuchar en nuestros campos. El tero se distribuye ampliamente en América del Sur y habita variados ambientes: orillas de lagunas, esteros y bañados, y espacios abiertos con pastizales cortos.
Los teros alcanzan una longitud de 35 cm y no hay diferencia visible entre ambos sexos. Presentan una coloración gris pardusca en dorsal con reflejos morados y verdes en las cobertoras, copete nucal, corbata y pecho negros, resto ventral blanco, pico rojizo con ápice negro, ojos rojos, y patas largas rojizas. Cuando vuelan presentan contrastes negros, blancos y grises.
Se alimentan de insectos y pequeños invertebrados, que rastrean por el suelo con su aguda vista y atrapan con su pico. Su comportamiento de alimentación consiste en cortas carreritas de tres o cuatros pasos y luego el picoteo para atrapar su presa. El tero usa también el método del “temblor de patas” o”tanteo”. Con esta maniobra logra movilizar a las lombrices que están bajo tierra, y, gracias a su fino sentido del tacto ejercido con los dedos consigue localizarlas; los hunde levemente en la tierra, las captura y tironea en dirección vertical.
Construye un nido simple con pajas y palitos sobre suelos húmedos, donde deposita hasta 4 huevos, que son incubados entre 25 y 27 días. La forma de los huevos es casi periforme, su cáscara es finamente porosa, y su color de fondo es verde oliva mate, con dos tipos de manchas: uno de fondo, negras, y otras más grandes, también negras y superpuestas sobre las primeras, lo que forma un verdadero camuflaje que los disimula ante los posibles depredadores.

Al nacimiento los polluelos poseen un desarrollo completo y en caso de peligro se echan inmóviles, lo que hace muy difícil distinguirlos. Son cuidados por sus padres hasta su total independencia.
 
Es sabido que los teros son sumamente vigilantes de sus nidos y sus crías y ya es parte del saber popular eso de que “el tero pega el grito en un lado, y en otro tiene los huevos”. Esa es una forma de proteger a sus nidos, con la técnica de desviar la atención del posible predador. A veces camina y corretea en círculos alrededor de un falso nido, donde finalmente se posa para despistar al intruso. En algunas ocasiones hace vuelos cortos alejándose de su nido con la apariencia de no poder volar bien, como si estuviera herido o con un ala rota; repitiendo el movimiento varias veces cada vez más lejos hasta que pase el peligro. Pero también pueden ser agresivos y hacer vuelos rasantes y en picada sobre quien amenace a su nido, incluso con los espolones de sus alas expuestos, acompañados por gritos de alarma.
El tero es por naturaleza bullicioso, territorial y agresivo. Es muy activo por la mañana y está en permanente estado de alerta. Suele estar en pareja o en pequeños grupos, que cuando levantan vuelo cantan a coro su grito tan característico: teru teru teru.

Fuente: Revista Chacra // Foto: Revista Chacra