Visitamos Barreal, localidad del partido de Calingasta, provincia de San Juan, y compartimos una cabalgata con una de esas típicas personas que se nos cruzan en la vida y nos dejan una sensación de familiaridad. Estamos hablando del guía Raphael Joliat, a quien parece que le pasó lo mismo con nuestro país, porque este suizo conoce las tierras sanjuaninas como si fueran su propia casa.

Oriundo de Delémont, Suiza, Raphael vino a Argentina en 1989 y recorrió Sudamérica durante cinco años como mochilero. Enamorado de nuestro país, especialmente de la geografía de San Juan, regresó a Suiza con un pasaje “de ida y vuelta”. Acomodó sus cosas y regresó a Argentina para quedarse acá. “San Juan tiene una geografía excepcional y había una carencia en la oferta turística”, explica Raphael, de 49 años, quien no sólo promocionó el turismo en agencias de Buenos Aires, sino también en Europa, donde hizo una gira por Italia, Francia, Alemania y España, y llevaba diapositivas para mostrar la oferta turística argentina, como travesías 4×4 en la puna, cabalgatas, alta montaña, etc.

A Raphael siempre le interesó la arqueología y la naturaleza. El trabajo de guía lo llevó a ser autodidacta y hay una persona que fue clave en su decisión de quedarse en el país: Antonio Beorchia Nigris, el reconocido explorador italiano radicado en Argentina, escritor, periodista y uno de los andinistas que formó parte de la expedición que en 1964 encontró la momia inca del cerro El Toro. “Tuve la suerte de cruzarme con él en un asado y me invitó a una expedición para conocer parte de San Juan y la verdad es que quedé enamoradísimo”, dice este suizo a quien Beorchia Nigris no sólo le enseñó muchísimo y motivó sus ganas de profundizar, sino que además abrió las puertas de su casa.

Desde hace 25 años Raphael realiza el Cruce de los Andes, el emblemático camino que realizó el Ejército de Los Andes de Las Provincias Unidas del Río de La Plata en 1817 para cruzar la cordillera hasta Chile y enfrentar a las tropas de la corona española, parte de la Expedición Libertadora de Argentina, Chile y del Perú. Raphael conoce el camino como si la naturaleza fuera su propia casa: “Disfruto estas cabalgatas como el primer día, sigo sacando 100 fotos cada vez que voy”.

Los caballos que se utilizan para este viaje fueron criados en Barreal, en la cordillera, porque no hay otra forma de que sobreviva un animal que no fue criado allí. Se trata de caballos muy mansos, que están acostumbrados al tipo de camino de piedras, y no van al galope, minimizan sus esfuerzos, cuidan su resistencia. Son caballos que vivieron y nacieron allí, saben exactamente cómo bajar un pedregal, ya que lo tienen incorporado. Se necesita un caballo por persona, y una mula para dos personas, que trasladan el equipaje y los alimentos.

En los almuerzos de esta expedición por lo general se hacen picadas, ya que no se puede perder tiempo haciendo fuego, pero a Rapha le gusta la buena vida y a la hora de la cena le gusta comer bien, como por ejemplo fondue de queso o lomo al Strogonoff. Y por supuesto, nunca falta el vino sanjuanino, ya que llevan varios bidones.

Los grupos de turistas que guía Rapha se conforman por no más de 8 personas. “La noche es mágica cuando todo el mundo puede hacer una ronda, además la idea es estar cerca del fuego, y cuando son muchos se tiene que dividir al grupo en dos fogatas y quedan alejados y se pierde la atmósfera del grupo, de amistad entre todos”. Otros tours ofrecen salir en grupos de hasta 40 personas, como en Mendoza por ejemplo, lo cual tal vez pierde un poco de encanto, “la mejor forma de disfrutar la cordillera es con grupos pequeños, porque si no, no hay una simbiosis”, asegura este suizo que desde el año 2000 vive en una finca ubicada en un tierras jesuíticas.

Con respecto a los requisitos para formar parte de esta aventura, no hace falta saber cabalgar previamente, pero sí hay que tener en cuenta que se asciende a 4500 metros de altura, por lo que es recomendable realizar una consulta médica. Lo que se exige es completar y firmar un formulario que certifica que la persona se encuentra en un buen estado de salud y que se responsabiliza por eso. “No es una cabalgata en la pampa, estamos hablando de montañas de verdad”. La primera noche se pasa en un alojamiento en Barreal, que se encuentra a 700 metros de altura, porque la gente necesita aclimatarse, ya que la segunda noche estarán a 3000 msnm, y la tercera a 4500 msnm.

El itinerario consiste en 8 días y 7 noches, también puede extenderse. La partida se realiza por el valle cordillerano delimitado por los cerros La Ramada y Alma Negra, hasta llegar a Peñón Colorado, una roca ubicada arriba del río Las Leñas, como un balcón sobre un valle con árboles y agua cristalina, donde se pasa la primer noche.

Durante el trayecto de este increíble viaje se puede apreciar la fauna autóctona, como lo son los guanacos y cóndores, en un bosque predominante, sobre todo de acerillos.

Al día siguiente se parte hacia el paso del Espinacito, donde se alcanza una altura máxima de 4500 msnm y es considerado por muchos como uno de los momentos más emocionantes de la expedición, ya que desde allí se obtiene la primera vista panorámica en la que se puede apreciar el Aconcagua y se ve la inmensidad del valle Hermoso, a donde se baja el día 4. Además, allí se encuentran las placas conmemorativas del paso de San Martín.

Rapha explica que la bajada por el valle de los Patos tiene mucha adrenalina porque es muy angosta y tiene mucha pendiente, por lo que la gente tiene que bajar de su caballo para caminar unos 400 metros de un terreno repleto de fósiles de hace 300 millones de años, como las amonitas, ya que en otra era el valle era el fondo del mar.

Cuando al fin se llega al Valle Hermoso el grupo se instala en el lugar donde San Martín realizó el último campamento con su ejército del lado argentino, junto al río. Allí hay un refugio de gendarmería llamado Casa de Piedra, aunque algunas noches este excéntrico guía decide llevar a sus turistas a ‘lugares secretos’ que no está dispuesto a revelar: “Trato de buscar alternativas para dar un contenido único, no es lo mismo estar sobre una valla muy marcada a que hacer tu propia huella”. A Rapha le gusta ir donde no hay nadie, hacer recorridos nuevos y se considera “un poco salvaje”.

El camino puede continuar hasta llegar al hito fronterizo, límite entre Argentina y Chile. Ya al emprender el regreso, se transitan arroyos, para luego ascender por el Paso La Honda, a 4300 msnm, por el llano conocido como Vegas de Gallardo, donde se observa la línea limítrofe de Altas Cumbres y el cerro Aconcagua, hasta llegar a Manantiales, sitio donde San Martín ordenó establecer un depósito de víveres, reposición de ganado y evacuación de heridos durante la campaña de 1817.

La nieve

A diferencia de los últimos quince años, este año hay mucha nieve en la cordillera, por lo que antes de enero es imposible pasar (antes a principios de diciembre ya se podía pasar). En marzo, otra vez se entra en riesgo de que haya una nevada. ¿Qué pasa si llueve o nieva? Dentro de la carpa no hay ningún problema, pero si la nieve llega durante la cabalgata, hay que estar preparado, se trata de zonas muy frías, por lo que la función del guía es muy importante. “Si yo veo que va a nevar a la mañana, no parto, o hago todo lo que puedo para evitar que la gente la pase mal. Prefiero achicar un día un tour, a que forzar a una persona a ir. La gente viene por placer, no viene para sufrir”.

Pero las sorpresas del clima y el camino también son parte de la aventura y son lo que hacen de cada viaje algo inolvidable. ¿Por qué recomienda Rapha esta expedición? “Por el contacto con la naturaleza, no creo que haya otra forma de tener un contacto tan estrecho con la naturaleza que una cabalgata en la cordillera”. “Cuando compartís seis días durmiendo en plena montaña, un fogón, el mate, el vino, es una semana muy intensa de tu vida”.

Fuente: El Federal // Foto: El Federal