El Programa Prohuerta nació hace 25 años con el objetivo de desarrollar sistemas locales de producción para el autoabastecimiento y comercialización de alimentos agroecológicos.

Entre otras iniciativas, el Prohuerta promueve la producción de huevos para autoconsumo como extensión a la provisión de alimentos de la huerta.

Para ello se distribuyeron promotores en todo el país dependientes del Ministerio de Desarrollo Social y del INTA que capacitaron a familias acerca del armado y manejo de huertas, junto con la provisión de semillas y herramientas. Luego se incorporó el área de Granja Prohuerta para incluir la producción de proteínas dentro de este sistema de autoabastecimiento con la cría de conejos y gallinas ponedoras.

El INTA cuenta con varios centros de multiplicación de aves y conejos para poder proveer a las familias de los núcleos básicos dentro de este Programa. “En estos centros se sacan ponedoras de la línea autosexante del INTA, la negra y la rubia INTA”, señaló Silvina Robello, técnica en producción agraria y responsable del Centro de San Rafael (Mendoza), “Son aquellas que permiten saber a simple vista si son hembras o machos. Aquellas que son completamente negras son hembras, y las que tienen una mancha blanca en la cabeza son machos. En las rubias, las que tienen plumón dorado es la hembra y la que tienen plumón blanco es el macho”.

De esta manera, las familias que reciben un plantel saben qué están obteniendo. El kit consiste en seis pollitas ponedoras y un curso de capacitación para que reciban los cuidados necesarios y puedan rendir entre 4 y 5 huevos por día, que es lo que se calcula que consume una familia tipo. En muchos casos ese autoconsumo se supera y el excedente se destina a la venta local. “En general no se entregan los machos, porque son necesarios únicamente si se quiere que los huevos sean fértiles”, añadió la técnica.

El requisito principal para recibir las ponedoras del Prohuerta es tener una huerta instalada, de manera de poder alimentar a las aves con descartes hortícolas además del balanceado. De otra manera, sería muy oneroso mantener a las gallinas con buena salud.

 

El gallinero

Las familias receptoras de los pollitos son instruídas con ciertas recomendaciones para poder tener una experiencia exitosa. Los técnicos del Prohuerta les enseñan cómo cuidarlos en cada etapa de su crecimiento. La recepción de los pollitos es un momento clave, y para eso se debe contar con una caja de cartón corrugado, viruta de madera o marlo molido o cáscara de arroz, alambre, dos botellas de plástico descartables y una fuente de calor, como una lámpara o una estufa. En los laterales de la caja se cortan pequeños círculos que permitan que los pollitos asomen la cabeza y a cada lado, en el exterior, se atan las botellas a las que se les realizó previamente un corte lateral. De esta manera los animales podrán tener siempre su comida y su agua limpias. El primer día se recomienda ofrecerles agua templada con azúcar para favorecer una rápida hidratación. En la base de la caja se colocará la viruta para absorber el exceso de humedad. Allí permanecerán sus primeros 20 días, a una temperatura de unos 32ºC lo que se logra con una lamparita de 40 vatios. Otra opción es poner la caja cerca de una fuente de calor.

 

El paso siguiente es realizar una abertura a la caja para permitir que los pollitos salgan al sol y entren cuando quieran. Cuando las aves ya están emplumadas, aproximadamente al tercer mes, se produce la recría. Ya pueden salir libremente porque resisten bien la temperatura ambiente, no obstante lo cual se recomienda encerrarlas de noche.

El Prohuerta recomienda contar con un pequeño gallinero, que se irá ampliando de acuerdo a sus posibilidades. Se calcula que para tener 20 gallinas se debe contar con un espacio cercado de 20mts2, por ejemplo, de 4m x 5m. Es fundamental que sea un lugar seco, protegido, y que tenga espacios para que las gallinas no duerman amontonadas. Estas aves tienen el hábito de dormir en lugares elevados, de manera que se recomienda colocar listones de 3cm. de diámetro a 30 cm del piso con distancias de 35cm entre sí.

“El animal debe estar protegido del viento y de la lluvia, porque la gallina para mantenerse necesita energía, y si yo la alimento y esa energía la gasta en mantener su temperatura, no va a producir huevos”, explicó Robello, “El gallinero también debe mantener las condiciones de higiene. En buenas condiciones las gallinas pueden tener una vida útil de cuatro o cinco años. Tienen que poder salir, comer verde, picotear piedras, etc, para llevar una vida de semicautiverio. Así tenemos las que llamamos gallinas felices”.

En el piso se debe colocar viruta, paja de trigo picada, marlos molidos, y cualquier otro material que permita absorber la humedad de las deyecciones, y armar nidos en cajas con cama seca para que los huevos no se rompan. Las gallinas deben recibir 14 horas de luz diaria para producir huevos, por lo tanto se debe completar la luz natural con luz artificial cuando ésta no es suficiente. Los huevos se deben recoger al mediodía y al atardecer, intentando que las gallinas no los rompan ya que pueden adquirir ese mal hábito.

Para mantener la sanidad del gallinero, el Prohuerta recomienda pintar las paredes a la cal, mantener frescos y limpios el agua y los alimentos, cambiar la cama cada trimestre, revisar las gallinas para comprobar su estado y seguir el plan sanitario propuesto con la entrega de las gallinas.

Fuente: Revista Chacra // Foto: Agrotendencia TV